miércoles, 2 de febrero de 2011

La mosca del sueño

·           Se estima que unas 30 000 personas padecen "tripanosomiasis africana humana", conocida como enfermedad del sueño. Se transmite a los humanos por la picadura de una mosca tsétsé infectada. Esto provoca que esta patología se localice en los 36 países del África Subsahariana que poseen las características necesarias para la supervivencia y desarrollo de este insecto. Esta patología puede llegar a provocar la muerte si no se emplea el tratamiento adecuado.
En El sueño de Bianca, uno de los cinco cortometrajes que forma la saga Invisibles, se  muestra el gran potencial económico de las empresas farmacéuticas. La estadounidense Pfizer ganó 8.257 millones de dólares en 2010. Pese a la situación de crisis económica mundial, sus beneficios solo se redujeron en un  4% respecto al año anterior según fuentes de la propia farmacéutica. En este documental, producido por Javier Bardem para Médicos Sin Fronteras (MSF), explica las razones por las que estas compañías no dedican más esfuerzos a erradicar enfermedades como la "tripanosomiasis africana humana". Los que la padecen no tienen dinero suficiente para cubrir los gastos de investigación y fabricación del antídoto.

El cortometraje refleja a las ONG elementos de presión que luchan por los derechos civiles. Denuncian e insisten. Sin embargo, sus propuestas son desestimadas por el ejecutivo de la empresa, que responde únicamente a criterios de beneficio y vuelca el problema sobre el entorno natural de las zonas afectadas.
Gracias  a la actividad de entidades como MSF se consiguió que en 2009 el número de casos notificados descendiese a 9878 según la Organización Mundial de la Salud. Se trata de la cifra más baja de los últimos 50 años.
La “enfermedad del sueño” afecta a un mayor número de personas en las áreas rurales. Se trata de zonas a las que es muy difícil acceder. Las comunicaciones por carretera son muy defectuosas y es casi imposible llegar a ellas en otro medio de transporte.
La constates actividades constantes de control de ONGs y organizaciones internacionales, han conseguido estabilizar un patología que no resulta rentable para las grandes farmacéuticas. 










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