miércoles, 26 de enero de 2011

Democracia cercada.

Los regímenes democráticos sufren brotes de totalitarismo que ponen en peligro el pluralismo y la tolerancia. Se ha generado un mesianismo demócrata que busca la expansión mundial sin tener en cuenta el coste. Tintes xenófobos han convertido en los últimos tiempos al emigrante en el gran enemigo exterior. Los poderes políticos, constituidos por la soberanía popular, tienen cada vez menos capacidad de actuación en un sistema global dominado por la economía.

“Irak y Afganistán ejemplifican a los demócratas como luchadores de la libertad que bombardean ciudades para traer la felicidad” asegura Tzvetan Todorov, galardonado en 2008 con el Premio Príncipe de Asturias de las Ciencias Sociales. Las dificultades para instaurar la democracia a través del ejército, la ocupación y la violencia son insalvables. Con independencia de cuales sean los motivos de una invasión, es imposible que esta atraiga el interés de la población nativa. La reacción más común es el sentimiento de agresión y la movilización en defensa de los territorios propios. Todorov argumenta en este sentido que no es la primera vez que se dan casos similares en la historia. La invasión francesa que buscaba instaurar en España la libertad, igualdad y fraternidad propias de la ilustración no funcionó. Las semejanzas entre ilustrados napoleónicos  y demócratas actuales son tan apreciables como las similitudes entre los iraquíes de 2004 y los españoles de principios del S.XIX.


La búsqueda de un agente externo al que odiar como método de unión interna de la sociedad ha sido una constante de los regímenes dictatoriales. Así los nazis odiaron a los judíos, los soviéticos al capitalismo y los franquistas a comunistas y masones. Las democracias podrían haber iniciado la búsqueda de un enemigo exterior hallándolo en la figura del emigrante. Como ejemplo, la expulsión de los gitanos rumanos  que Nicolas Sarkozy, Presidente de Francia, ha llevado a cabo en su país y que supone un precedente de xenofobia en el interior de la democracia. Se han tomado medidas drásticas contra un grupo débil que tiene muy difícil su defensa. Resulta complicado creer que soluciones de este tipo afectasen colectivos como el musulmán, capaz de organizarse y actuar en consecuencia.


Existe otro grave peligro. La economía controla a la política. De las 100 fortunas más grandes del mundo, 51 pertenecen a grandes corporaciones y 49 a Estados. Cada vez con más frecuencia las empresas imponen su ley sin que los gobiernos, encargados de velar por los ciudadanos, puedan impedírselo. Según el documental The Story of Stuff de Annie Leonard, 200.000 personas al día se ven obligadas a emigrar a las grandes ciudades, la codicia empresarial ha hecho desaparecer el 80% de los bosques originarios del planeta y sólo en la selva del Amazonas en Brasil desaparecen 2000 árboles por minuto. Los poderes que manan de  la soberanía popular tiene cada vez menos capacidad para dar respuesta a los problemas mundiales de mayor importancia. Podría interpretarse que los intereses de las grandes corporaciones han sometido a nuestros dirigentes. Ante graves crisis como son los atentados del 11 de Septiembre en la ciudad de Nueva York y la actual crisis financiera que sufre España, los gobernantes de turno actuaron del mismo modo. Hombres tan lejanos ideológicamente como George W. Bush, ex-presidente de los Estados Unidos de Norteamérica y José Luís Rodríguez Zapatero, Presidente del Gobierno español se dirigieron a su electorado con la siguiente consigna: el consumo es la solución. Se daba de nuevo prioridad a los intereses de las empresas por colocar sus productos frente a la situación moral y económica de los propios ciudadanos.
 El actual sistema financiero, señalado por todos como el causante de la gran crisis en la que estamos inmersos, no ha visto afectada su estructura. Las actuaciones de los gobiernos, como el reflote de los bancos con dinero público, han provocado una vuelta a empezar sobre los mismos cimientos. Tzvetan Todorov se atreve a augurar que esta nueva andadura no funcionará.

Los principios elementales de la democracia están en entredicho. La influencia del poder político disminuye y la actuación de algunos de sus dirigentes atenta contra los principios de una forma de gobierno que podría estar adquiriendo vicios totalitarios.


1 comentarios:

Victor Trabau dijo...

¡Me parece un gran artículo!

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